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domingo, 26 de octubre de 2014

MANGANESO

ESTE ES EL ÚLTIMO CORTOMETRAJE QUE HEMOS SACADO:



SE TITULA MANGANESO Y, DE MOMENTO, HA SIDO PROYECTADO EN UN PAR DE SITIOS (MÁS INFO AQUÍ).

jueves, 14 de febrero de 2013

La princesa prometida (The princess bride)

Hoy, catorce de febrero, San Valentín, día de los enamorados, corazoncitos y florecillas por doquier, os traigo la que es (sin duda) mi película favorita y la que más veces he visto. Y lo hago porque toca el tema del amor, entre muchos otros, pero sin ningún tipo de cursilería. No me refiero al “amor rosita y con purpurina” sino al “amor verdadero“, copón.

Hasta ahora, en todas las críticas que he redactado para Laboratorio de Prensa he dado una valoración personal, pero tendiendo a la imparcialidad. Sin embargo, en este caso espero que sepáis perdonarme. ¡Me emociono al referirme a esta historia, no lo puedo evitar! Bueno, allá vamos.

Como se explica en uno de sus viejos tráilers: “no es el típico, corriente, cotidiano, vulgar y mediocre cuento de hadas”. Está repleta de situaciones y personajes memorables. El hombre de negro; Íñigo Montoya, el apasionado espadachín español (y mejor personaje de la historia del cine y la literatura); Vizzini, el malvado genio siciliano; Fezzik, el adorable gigante; el Milagroso Max y su esposa; el conde Rugen, el hombre de seis dedos; el príncipe Humperdinck, bellaco y cobarde; el albino; el rey chocho… y, por supuesto, Buttercup, la princesa prometida, mi primer amor platónico.

En cuanto a las situaciones, no sabría con cuál quedarme. Tal vez con el duelo de espadachines en lo alto de los acantilados de la locura. (Durante mi infancia, me sabía de pé a pá los diálogos de la película. De hecho, un grandioso amigo y yo jugábamos a imitar esa escena en lo alto de su cama nido, mientras entrechocábamos nuestras espadas. “¿Por qué sonreís?”. “Porque sé algo que vos no sabéis”. “¿De qué se trata?”. “¡Que no soy zurdo!”). Pero no considero justo olvidarme de la batalla de intelectos, las anguilas chillonas, el pellizco en la mejilla, el "clonc" al albino, la píldora milagrosa cubierta de chocolate, la Brigada Brutal, la historia del pirata Roberts, el pantano de fuego, el “inconcebible”, el “tú mataste a mi padre” o el “como desees”, y tantos otros recuerdos mágicos que me evoca este filme.

¿Individuos clave? Menudo aprieto. Toda persona que participara en este proyecto (Robin Wright, Peter Falk, Cary Elwes…), aunque fuera llevando cafés, se merece la salvación eterna. No obstante, haré un esfuerzo y destacaré la labor de dos hombres, por encima del resto. William Goldman, el escritor de la novela (lectura obligatoria) y del guion de la película, se merece todos mis respetos. Así como Mandy Patinkin, nominado al Oscar por su actuación como Íñigo Montoya.

Da igual cuántas veces la hayáis visionado. ¡Corred! ¡Id a verla! ¡Sacad el libro de vuestra biblioteca municipal más cercana! ¡Compráoslo! Solos, acompañados o en grupo.

Me lo agradeceréis, amiguitos. Un abrazo grande.

martes, 22 de enero de 2013

El odio (La haine)

Me la recomendó un amigo, hasta en tres ocasiones, antes de que me decidiese a verla. Mathieu Kassovitz, el director, me sonaba por ser el chico de Amelie, pero cuando miré su filmografía no vi nada demasiado alentador. En cualquier caso, me fié del buen criterio (e insistencia) de mi amigo. Y no me arrepiento.

Vincent Cassel (me encanta este tío), Hubert Koundé y Saïd Taghmaoui dan vida a tres amigos que viven en los suburbios parisinos a mediados de los noventa. La narración muestra un día en el barrio, mientras Abdel, otro colega, se debate entre la vida y la muerte a causa de la violencia policial. La noche previa al inicio de la historia se produjeron revueltas callejeras por toda la periferia de París como respuesta. De hecho, gran parte de la película gira en torno a la pistola de un policía que Vinz encuentra durante los desórdenes, y con la que pretende matar a un policía si Abdel finalmente muere.

El ambiente general es tenso. Tienes la sensación de que en cualquier momento la situación va a reventar por algún lado. Los chicos rebosan de rabia acumulada. Se enfrentan con cualquiera que se ponga en medio, ya sean policías, críticos de arte o ancianas en el supermercado. Su tono de voz y su lenguaje no verbal son agresivos. Parecen animales acorralados, cuya única vía de escape es la dentellada. El barrio se presenta como un lugar del que hay que escapar. Hay que encontrar la salida. Allí es imposible salir a flote.

En cuanto a la realización, no me extenderé demasiado. Destaca el uso del blanco y negro durante todo el metraje, y el empleo sistemático de planos secuencia. También algunos encuadres preciosos, a la par que potentes. Los diálogos son realistas. Tal vez recurren demasiado al insulto fácil, a los gritos, a los aspavientos, pero están cargados de fuerza. (Como es obvio, este apartado resulta mucho más convincente en la versión original que en la versión doblada al castellano).

Citaré aquí algunos momentos clave, de esos que incitan a la reflexión. Los que no la hayáis visto, no os preocupéis, no desvelaré información relevante. Me limitaré a darles títulos significativos para que tras el visionado sepáis a qué momentos me refiero. Me quedo con la escena del anciano del retrete, con la frase “de momento, todo va bien”, con Astérix y la ruleta, y la discusión entre Vinz y Hubert (“yo soy de la calle”, “en el colegio te enseñan que el odio llama al odio”).

Queda perfectamente reflejada la brutalidad policial y la brutalidad juvenil. Toda acción conlleva una reacción. Somos testigos de un círculo vicioso de resentimiento, ira y frustración que solo puede desembocar en violencia. La película consigue transformarte en un miembro más del grupo. Logra aproximarte a lo que está pasando, meterte en la historia. El realismo es su gran baza. Así que recomiendo “La haine” a todos aquellos que disfrutéis viendo cine social, realista, sin moraleja barata. No intenta inculcar normas de conducta, te muestra lo que hay y te invita a meditar.

¿Vivimos en una sociedad en caída libre?

sábado, 24 de noviembre de 2012

Curso 1984 (Class of 1984)

Esta película data de 1982. Desde el principio deja claro su intención de ser encuadrada dentro de la serie B de los años ochenta. Unos títulos de crédito al más puro estilo The Warriors abren y cierran el largometraje, a ritmo de “I am the future” (gran tema de Alice Cooper).

El argumento es sencillo. Andy Norris (Perry King) llega como profesor de música sustituto a la escuela Lincoln. Pronto descubrirá que se trata de una institución asalvajada. Hay guardias de seguridad patrullando los pasillos y controles de armas a la entrada. Las paredes están repletas de pintadas; los techos, de cámaras de vigilancia. Se venden drogas junto a las taquillas, por no hablar de los cuartos de baño. Tanto el director como el resto de profesores evitan los problemas, se conforman con superar el día a día sin recibir una puñalada.

Tim Van Patten (que ha dirigido capítulos de The Sopranos o de The Wire, entre otras) da vida al malo malísimo: Peter Stegman. Superdotado, genial, psicópata. Es el líder de la banda más peligrosa de todo el instituto. Su enfrentamiento con Norris será el hilo que conduzca la narración hasta llegar a un desenlace inevitable. Por cierto, ¡vaya final! No os lo desvelo, pero si os gusta el rollo serie B ochentero deberíais verlo, y juzgarlo. Y luego me contáis qué os ha parecido.

Pese a ser antigua, trata un tema que hoy en día sigue en los noticiarios: la violencia juvenil (tanto en la calle como en el ámbito académico) y la indefensión de los profesores. Tal vez el retrato del Lincoln High School sea una caricatura extrema, pero creo que el realizador actuó conscientemente para inyectarnos tensión en vena. La descomunal escalada de violencia nos invita a reflexionar.


Dos apuntes finales con respecto a las interpretaciones. Primero, Roddy McDowall, que interpreta al profesor de biología, nos brinda un papel memorable. Gran actor. Y segundo, en Curso 1984 tenéis la oportunidad de ver a un Michael J. Fox tierno y sonrosado, antes de Regreso al futuro.

En resumen, una película crítica, violenta, extraña, impactante, visceral y sin complejos (pese a su reducido presupuesto, típico de las producciones de serie B). Para muchos, un largometraje de culto.

Hasta otra, queridos lectores.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Capturing the Friedmans

Os pongo en antecedentes. Los Friedman vivían apaciblemente en Great Neck (Nueva York), en el seno de una comunidad vecinal muy tranquila. El padre, Arnold Friedman, era profesor de informática. Todo el mundo hablaba maravillas de él. Era respetado y querido por todos cuantos le conocían. Junto a su mujer, Elaine, y sus tres hijos formaba lo que parecía ser un núcleo familiar de lo más consistente. Hasta que un día la policía interceptó un paquete enviado desde Holanda, a nombre del señor Friedman.

¿El contenido? Una revista de pornografía infantil. A raíz de este descubrimiento, se registró el domicilio familiar y se encontraron muchas otras publicaciones y fotografías de contenido pedófilo. Entonces se empezó a temer que Arnold Friedman, que daba clase particulares de informática a niños de Great Neck, pudiese estar abusando de ellos.


La policía entrevistó a los niños que asistían a las clases, pero encerró provisionalmente a Arnold y Jesse (el hijo menor), como sospechosos de haber llevado a cabo sangrientas orgías con menores. No pretendo hacer aquí un barrido consistente del proceso judicial, el documental lo refleja a la perfección. Sólo quiero que conste en acta que, tanto el padre como el hijo, fueron finalmente condenados a prisión, tras una serie de juicios deplorables, con testigos sugestionados y pruebas inexistentes.

Capturing the Friedmans nos ofrece una visión objetiva, imparcial, de la evolución familiar a lo largo del proceso judicial. Compendia gran variedad de declaraciones. Testigos, afectados, protagonistas. Todos dan su opinión acerca del caso. Al mostrar las voces contrapuestas, el cineasta incita al espectador a pensar por sí mismo. Tú decides a quién creer.

La trama avanza en torno a los vídeos caseros de los Friedman. Se usa este método para que la disgregación familiar quede patente con mayor crudeza. Las imágenes de felicidad conyugal en las que vemos el crecimiento de los niños, sus diversiones, fiestas, alegrías, risas, bromas, y un largo etcétera, acaban transformándose en gritos, insultos, rabia, incomprensión, ambiente enfermizo, mal rollo. Los hijos defienden al padre; la madre en permanente estado de shock. En situaciones parecidas, la familia tiende a unirse. Aquí no. Aquí se destruye el núcleo, el afecto y la confianza que los unía.

Si vas a visionar este documental, debes prepararte para reflexionar a fondo. Sobre los conceptos de bien y de mal. Sobre la hipocresía social. Sobre los sistemas judiciales (en general). Sobre los métodos policiales para interrogar niños. Sobre las paradojas condenatorias (“si te declaras culpable te ahorramos entre 10 y 70 años”). Sobre el linchamiento mediático. Arnold Friedman era pedófilo, sí. Pero, ¿se puede condenar a alguien por un crimen que casi con total probabilidad no ha cometido? ¿Destrozar una familia porque el padre tiene impulsos enfermizos?

Me encantaría que, si habéis conseguido leer la entrada al completo, aportéis vuestra opinión al debate. ¿Vosotros qué pensáis?

domingo, 28 de octubre de 2012

Biutiful

Aviso: película controvertida.

Al cuarto de hora de proyección le susurré a mi acompañante: “estoy confuso”. El desconcierto es la nota predominante en los compases iniciales. No acabas de comprender por donde van los tiros. ¿A qué se dedica Uxbal (Bardem)? ¿Es médium, camello, intermediario en negocios turbios, padre coraje? ¿Un poco de todo?

El adjetivo más repetido a la hora de catalogar Biutiful ha sido DURA. La historia de Uxbal es surrealista, de acuerdo, pero yo me la acabé creyendo. Es más, como tengas un mínimo de empatía consigue revolverte por dentro.

La Barcelona que se nos muestra no es la que acostumbramos a ver. La Ciudad Condal no es solo una ciudad global en lo bueno, sino que también alberga suciedad, sordidez y grandes dosis de miseria. Además,  a lo largo de la película, se trata el tema de la inmigración ilegal. Las mafias chinas, el tráfico de drogas, la venta ambulante, la piratería…

No me parece un peliculón imprescindible, pero Iñárritu nos brinda un buen número de pinceladas y reflexiones interesantes.

No estoy de acuerdo con los críticos que opinan que la estética de Biutiful es cutre. A mi me pareció que la realización se había llevado a cabo con mucho mimo. (Si bien es cierto que el guión tiene puntos débiles). Cuenta con escenas memorables y planos preciosos. Cada detalle cuenta. Estad atentos cuando la veáis.

Un par de cosillas que necesito soltar. El recurso cinematográfico de jugar con los espejos es muy bonito, pero acaba mareando. El esoterismo y las apariciones no me convencieron ni lo más mínimo, no me va ese rollo. Sólo le restan verosimilitud a la narración. Y Javier Bardem es la clave. Logra que sufras con él (de verdad). Si Biutiful merece la pena es en un ochenta por ciento gracias a su actuación. Tremendo.

En fin, que si navegáis un poco por la web en busca de críticas comprobaréis que esta película ha sido alabada y vilipendiada a partes iguales. Por lo menos ya sabéis que no os va a dejar indiferentes. Los que la hayáis visto: ¿qué os pareció?