miércoles, 8 de febrero de 2012

Ya tengo el título

Imaginad de qué.

Me gusta la idea de ir comentando los avances y retrocesos del proyecto, como en su día hizo el bueno de Fran.

Pero hay un problema.
Si lo hace otra persona, me parece una cosa normal y útil.
Si lo hiciera yo, me resultaría pretencioso y pedante.
Y tampoco es plan.

Así que, al que le interese, le daré algún que otro adelanto vía blog.

Eh, valientes, gracias por leer.
En serio.

lunes, 6 de febrero de 2012

Romper Stomper

(Lo publiqué originalmente en la web de Laboratorio de Prensa).

Neonazis contra vietnamitas, en Melbourne (Australia). Con esta sencilla frase podemos englobar la temática de Romper Stomper.

Viéndola aprenderás cómo grabar sangrientas peleas multitudinarias. O cómo NO representar un tatuaje en el brazo de tu protagonista. Ah, y también averiguarás que darle a casi todo el metraje un tono azulado puede adormecer al espectador, aunque las imágenes mostradas sean cráneos y narices rotas. Eso sí, me gustó el montaje de la fiesta skin, la música encaja a la perfección.

¿Argumento? Nulo. No puedo ser más específico. Se muestra la violencia por la violencia, sin trasfondo social, ni cultural, ni ideológico de ningún tipo. Presenciamos una oleada de odio irraccional y a un jovencísimo Russell Crowe, que tan solo gruñe y maldice (y eso que me flipa este tipo).

Inicialmente, promete emociones, pero a medida que transcurren los minutos queda patente que la historia no avanza hacia ningún lugar concreto. Las secuencias aleatorias se suceden, sin aportar interés a la trama. Por cierto, ¿el triángulo amoroso es el hilo conductor? Ahí lo dejo, a ver si alguien me puede resolver la duda.

Mi conclusión. Romper Stomper es, para muchos, una película de culto. Sin embargo, no deja de ser un filme mediocre -aunque con detalles interesantes-. Ni siquiera pienso que toque el tema de la violencia ideológica, ya que en ningún momento las ideas nacionalsocialistas son expuestas o defendidas por los protagonistas. No parece que crean en nada.

Cuidaos mucho, amiguitos.

jueves, 26 de enero de 2012

Pronto

Llevo tiempo sin hacer ni puto caso al blog, lo sé.
Pero no se me impacienten, muy pronto estaré dando la chapa de nuevo por aquí.

De momento, sólo deciros que RAPIÑA ya está acabado y que estamos en fase de exportación. La semana que viene es la premiere -en efecto, somos unos sibaritas-, así que ya os contaré un poco cómo se da, y cuáles son nuestras sensaciones después de tantos y tantos meses de curro. (Empezamos a esbozar la idea en febrero de 2009, con eso lo digo todo).

Tengo (y tenemos) bastantes sorpresillas preparadas. Estad al loro si os interesan.

Por cierto, me parece acojonante que el número de visitas no decaiga.
Un abrazo muy gordo a todos los valientes que os dejáis caer por este sitio web de vez en cuando, y lo mantenéis vivo. Sois la hostia.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Léolo

(Esta crítica cinematográfica la publiqué hace meses, en la web Laboratorio de Prensa).

Léo Lauzon no quiere llamarse así. El marido de su madre (su supuesto padre) está loco, al igual que su abuelo y sus hermanos. Pero Léo no está loco. "Parce que moi je rêve, moi je ne le suis pas". Por eso imagina que, en realidad, su progenitor es un siciliano que (mientras se masturbaba mirando a una exhuberante italiana) eyaculó sobre un montón de tomates. Estos acabaron en el mercado de Montreal, donde su madre sufrió un accidente. Cayó sobre la mercancía y quedó embarazada. Desde el momento en el cual esta ensoñación pasa a ser una convicción, Léo exigirá que lo llamen Léolo. Léolo Lozone.

Así empieza esta película, una de las mejores que he tenido el placer de ver. Léolo pertenece a una familia obrera de Montreal. La herencia genética de su abuelo paterno condena a su padre y hermanos al hospital psiquiátrico durante largas temporadas. Lo que Jean-Claude Lauzon nos muestra es una lucha encarnizada contra la locura; cómo podemos combatirla soñando. Esta es la historia de un niño, un soñador, que despierta al mundo y trata de evadirse de su agobiante realidad. Pero también es una brillante metáfora sobre la vida.