lunes, 5 de diciembre de 2011

Léolo

(Esta crítica cinematográfica la publiqué hace meses, en la web Laboratorio de Prensa).

Léo Lauzon no quiere llamarse así. El marido de su madre (su supuesto padre) está loco, al igual que su abuelo y sus hermanos. Pero Léo no está loco. "Parce que moi je rêve, moi je ne le suis pas". Por eso imagina que, en realidad, su progenitor es un siciliano que (mientras se masturbaba mirando a una exhuberante italiana) eyaculó sobre un montón de tomates. Estos acabaron en el mercado de Montreal, donde su madre sufrió un accidente. Cayó sobre la mercancía y quedó embarazada. Desde el momento en el cual esta ensoñación pasa a ser una convicción, Léo exigirá que lo llamen Léolo. Léolo Lozone.

Así empieza esta película, una de las mejores que he tenido el placer de ver. Léolo pertenece a una familia obrera de Montreal. La herencia genética de su abuelo paterno condena a su padre y hermanos al hospital psiquiátrico durante largas temporadas. Lo que Jean-Claude Lauzon nos muestra es una lucha encarnizada contra la locura; cómo podemos combatirla soñando. Esta es la historia de un niño, un soñador, que despierta al mundo y trata de evadirse de su agobiante realidad. Pero también es una brillante metáfora sobre la vida.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

viernes, 18 de noviembre de 2011

Lock, stock and two smoking barrels

(Esta crítica cinematográfica la publiqué hace meses, en la web Laboratorio de Prensa).

Me la vi tres veces en cuatro días, mientras comía cacahuetes cubiertos de pringue con sabor a barbacoa. Como comprenderéis, desde entonces es una de mis películas predilectas.

La idea central en torno a la cual gira el argumento no es demasiado novedosa. Unos amigos pierden muchísimo dinero durante una partida de póquer, y deben recuperarlo en un reducido plazo de tiempo, si quieren conservar su integridad física. La innovación llega en el modo de contar la historia. Guy Ritchie, en su primer largometraje, hace gala de los principios narrativos que han definido el resto de su obra, y pone su toque personal a la realización, al estilo visual, a los pequeños detalles.

En Lock, stock & two smoking barrels, Guy Ritchie (director y guionista) nos enseña un amplio y variado espectro de la fauna que habita los bajos fondos londinenses. El cuarteto protagonista podría definirse como “una banda de entrañables mangantes”. Pero, la cosa no se queda ahí, claro. También aparece un mafioso loco con peinado a lo afro, unos machacas norteños de escaso intelecto, un grupo de hippies horticultores de cannabis, Barry el bautista, Nick el griego, unos rateros violentos, Chris y su hijo Chrisito, un rey del porno psicópata, un ruso en llamas… En definitiva, toda una caterva de tipos corruptos.

martes, 15 de noviembre de 2011

Articulazo

Ahora que ya se han cargado a Gadafi, es buen momento para volver la vista atrás.
Por ejemplo, leyendo este tremendo artículo de mi compi Lulú Jiménez.

Muy recomendable.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Fairytale of New York


Canción navideña a cargo de The Pogues.
Recomendación expresa del gran Carlos Vega.

El pasado verano estuve en Londres diez días. Allí, encontré The best of The Pogues.
Tres libras costaba el vinilo, así que se lo traje a mi hermana.
Desde entonces, me quiere un poco más.

Imprescindible.

lunes, 31 de octubre de 2011

La cuestión es, y no es

No es cuestión de aburrir al personal con tus proyectos inacabados de mierda.
No es cuestión de ir fingiendo ser quien no eres, porque tu verdadero yo te avergüenza.
No es cuestión de llamar putas a todas las mujeres, por el simple hecho de que tu último ligue se esté follando a medio barrio.
No es cuestión de hablar de cosas que no sabes dándotelas de experto.
No es cuestión de creerte mejor que el resto, de pensar que nadie te comprende, de colgarte el cartel de genio.
No es cuestión de leer a Bukowski y pensar que eso te convierte en literato.
No es cuestión de encerrarte en tu cuarto, liarte un porro, gritarle a mamá y no fregar los platos, ni barrer la cocina, ni limpiar el polvo.
No es cuestión de esperar sentado a la gran oportunidad de tu vida.
No es cuestión de inventiva.
No es cuestión de un segundo.

Qué va.

La cuestión es confiar en tus posibilidades, currártelo cada día, ponerle pasión a lo que haces, ser humilde (y parecerlo), no creerte los elogios, aceptar las críticas, aprender de todo, visionarlo todo, patearte todas las aceras y campiñas que puedas, leer a los clásicos, dar amor a tus padres, a tus abuelos, a tu familia, a la gente que te apoya y te soporta.

Ah, y sobre todo no te rindas.
El único sentido que tiene tu vida es el que tú le quieras dar.
Pelea un poco, cojones.


Gracias a los fieles, a los valientes, por seguir ahí, aguantando la mecha.