lunes, 14 de febrero de 2011

Llevar la cuenta


Se quita del cuello el walkman de aspecto muy caro, y sigue quejándose.

-Odio quejarme, de verdad que lo odio, de la basura, la enfermedad, de lo sucia que está esta ciudad y tú sabes y yo sé que es una pocilga... -Sigue hablando mientras abre su nuevo attaché Tumi de piel de becerro que compró en D. F. Sanders. Mete el walkman dentro del attaché junto a un teléfono plegable portátil inalámbrico tamaño cartera (antes tenía un NEC 9000 Porta portátil) y saca el periódico de hoy-. En el de hoy, sólo en el de hoy..., vamos a ver..., modelos estranguladas, bebés tirados desde el techo de los edificios, niños asesinados en el metro, una reunión comunista, un jefe de la Mafia liquidado, nazis... -recorre las páginas con excitación-, jugadores de béisbol con sida, más porquería de la Mafia, atascos, vagabundos sin casa, diversos maníacos, enjambres de maricones llenando las calles, madres de alquiler, la supresión de una serie televisiva, niños que consiguen entrar en un zoológico y torturan y queman vivos a varios animales, más nazis..., y el chiste es, la gracia final es, que todo eso pasa en esta ciudad..., no en otro sitio, exactamente aquí, te traga, espera un momento, más nazis, atascos, atascos, vendedores de bebés, mercado negro de bebés, bebés con sida, bebés yonquis, un edificio que cae encima de un bebé, un bebé maníaco, atascos, un puente que se hunde... -Deja de hablar, respira a fondo y luego dice tranquilamente, con los ojos fijos en un mendigo de la esquina de la Segunda con la Quinta-: Ése hace el número veinticuatro de los que he visto hoy. Llevo la cuenta.

(American Psycho, de Bret Easton Ellis).

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